Mucha ha sido la discusión ya en estos diez años de la posconvertibilidad acerca de cuántos de los logros (supuestos) de este tiempo se deben a acciones deliberadas de la política económica y cuántas no.
Hace poco había escrito yo sobre el tema respecto del "desendeudamiento". Entre los que están dentro de ese segundo grupo llaman a los causantes de estos efectos "suerte", "condiciones externas favorables" o simplemente "viento de cola".
El caso del superávit comercial es paradigmático. De un lado están quienes sostienen que es consecuencia de las políticas públicas, en particular del "Tipo de Cambio Real Alto y Estable" (que abandonamos en 2007) y de la protección a las industrias locales, una forma elegante de llamar a las trabas a las importaciones. Del otro, están quienes sostienen que esto se debió principalmente a lo ocurrido en el contexto externo, tomando como ejemplo los precios de la soja.
El problema con las políticas económicas es que los economistas no podemos recurrir a nuestro demasiado teórico ceteris paribus. Esto es, no podemos aislar los efectos de una determinada política sobre la economía ya que interactúan además muchísimas otras cosas, entre las cuales el viento de cola, más allá de que uno sostenga este argumento o no, innegablemente está presente.
Pero vamos a hacer un ejercicio. Se define a los
términos de intercambio como el ratio entre los precios de las exportaciones sobre el de las importaciones. Que el ratio suba es en principio algo "bueno", ya que el precio de lo que vendemos sube respecto de lo que compramos. Para que el argumento del viento de cola se sostenga, deberíamos encontrar que los términos de intercambio subieron considerablemente en los últimos años. Y esto en principio es así (siempre click para agrandar):
Como se puede apreciar, los términos de intercambio estuvieron relativamente bajos durante los 80s y la convertibilidad, para luego comenzar a subir a partir de 2003 y finalmente dispararse en 2007, tocando valores máximos que sólo se alcanzaron otras tres veces en doscientos años: 1909, 1946-1948 y 1973.
El ejercicio que propongo entonces es el siguiente: ¿cuál habría sido el resultado comercial si se hubieran mantenido los precios de 1993? En el gráfico que sigue pretendo dar una primera respuesta:
Como se puede ver en el gráfico, hasta 2003 el resultado comercial es más o menos el mismo. Pero a partir de 2004 se empieza a notar el cambio, con las diferencias más marcadas (de casi USD 20.000 millones) en 2008 y 2010. Por ejemplo, con los precios de 1993, el superávit de USD 11.632 millones del año pasado habría sido un déficit de USD 7.006 millones. Es más, los USD 104.459 millones de saldo comercial acumulados en el período 2003-2010 habrían sido sólo USD 19.860, es decir el 19%, con las consecuencias que esto habría traído para la oferta de divisas del país, por no decir de la actividad.
Por supuesto, éste es sólo un ejercicio de equilibrio parcial. Es decir, si las importaciones hubiesen sido relativamente más caras, no es obvio que habríamos importado (ni exportado) las mismas cantidades necesariamente, con lo cual en principio las magnitudes podrían ser menores, aunque cualitativamente los resultados deberían mantenerse en principio.
¿Dónde se lo ve débil al argumento? En principio, si el TCR alto no fue el causante del superávit comercial, ahora que por la inflación
nos estamos apreciando (y que los términos de intercambio más o menos se mantienen) no deberíamos ver que el sector externo se debilita. Pero esto es lo que sucede:
Aquí es cuando vuelvo a enfatizar la dificultad para medir las políticas públicas. Son muchas variables que interactúan al mismo tiempo. Así que le dejo a usted, lector, que saque sus propias conclusiones y que responda para sí mismo la pregunta del título (¡después no diga que este blog no es interactivo!)