Un amigo me convenció para que me anotara como fiscal, así que estuve desde la una de la tarde hasta el final del recuento en un colegio de Belgrano como fiscal de mesa. Yo ya había votado más temprano en la mesa que me correspondía, por suerte sin tener que hacer cola. La mesa que me tocó fiscalizar estuvo bastante tranquila, no hubo demasiada demora ni ninguna irregularidad en la votación, salvo un momento antes de que yo llegara cuando "misteriosamente" faltaron o quedaron pocas boletas de Pino Solanas. Fuera de eso, todo tranqui. En otra mesa, esta vez femenina, hubo bastante lío con una autoridad de mesa y se formaron colas de hasta dos horas y media, casi 100 personas.
Desde que yo llegué anduvo todo bastante bien, cada tanto hacíamos chistes con el fiscal kirchnerista o con las autoridades de mesa. Compartíamos algún que otro sandwich. Entrábamos cada tanto para ver que no faltaran boletas. Me encontré con un par de amigos que votaban en la mesa de al lado. Me sorprendió gratamente la cantidad de hombres mayores de 80 años que iban a votar, y me acordaba al mismo tiempo de algunos amigos que muchas veces no van porque no tienen ganas. Pienso que aquellos hombres que han vivido tanto sufrieron períodos donde les fue prohibido votar y saben lo que esa posibilidad de hacerlo (que ni siquiera es obligación para ellos) ha costado mucho esfuerzo y demasiadas lágrimas.
Después de las cinco de la tarde no vino a votar mucha gente y literalmente no había cola. Se hicieron las seis y la cola de esa mesa de mujeres todavía daba una vuelta dentro de la escuela y subía las escaleras. El recuento fue muy ordenado y más tranquilo todavía que la votación. Todos los que estuvimos ahí fuimos muy correctos y hubo siempre buena onda.
Cuando terminó el recuento le di el acta al fiscal de escuela y me volví a casa, contento con cómo salió la cosa, más allá del resultado. Ojalá la forma en que funciona la política en el país fuese como la forma en que funcionó la mesa donde me tocó estar.
Nota CqP: el resultado de mi mesa coincide bastante con el resultado de mi comuna, en una nueva confirmación de la Ley de los Grandes Números.
Desde que yo llegué anduvo todo bastante bien, cada tanto hacíamos chistes con el fiscal kirchnerista o con las autoridades de mesa. Compartíamos algún que otro sandwich. Entrábamos cada tanto para ver que no faltaran boletas. Me encontré con un par de amigos que votaban en la mesa de al lado. Me sorprendió gratamente la cantidad de hombres mayores de 80 años que iban a votar, y me acordaba al mismo tiempo de algunos amigos que muchas veces no van porque no tienen ganas. Pienso que aquellos hombres que han vivido tanto sufrieron períodos donde les fue prohibido votar y saben lo que esa posibilidad de hacerlo (que ni siquiera es obligación para ellos) ha costado mucho esfuerzo y demasiadas lágrimas.
Después de las cinco de la tarde no vino a votar mucha gente y literalmente no había cola. Se hicieron las seis y la cola de esa mesa de mujeres todavía daba una vuelta dentro de la escuela y subía las escaleras. El recuento fue muy ordenado y más tranquilo todavía que la votación. Todos los que estuvimos ahí fuimos muy correctos y hubo siempre buena onda.
Cuando terminó el recuento le di el acta al fiscal de escuela y me volví a casa, contento con cómo salió la cosa, más allá del resultado. Ojalá la forma en que funciona la política en el país fuese como la forma en que funcionó la mesa donde me tocó estar.
Nota CqP: el resultado de mi mesa coincide bastante con el resultado de mi comuna, en una nueva confirmación de la Ley de los Grandes Números.










